«[…] yo sostengo que el libro es un objeto al que hay que poseer. Tiene que haber una relación vital, amorosa con él. Por eso, yo también los subrayo, los araño, les hago notas marginales. Uno tiene que vivir con sus libros, irse a la cama con ellos, dejarlos marcados». Julio Ramón Ribeyro
El día de ayer, la selección peruana ganó 1-2 a su similar de Venezuela, en el estadio Olímpico UCV, por las eliminatorias rumbo a Qatar 2022. Apenas concretó el segundo gol, Christian Cueva corrió a buscar a Ricardo Gareca para darle un abrazo, a esa figura paterna que siempre cree en él y que no cesa de respaldarlo, a pesar de sus altibajos.
Ese sentido abrazo resume la alegría de todo un país.
El abrazo de un país. Autor: David Ibarra Delgado (Luder).
«He llorado pérdidas en el pasado, pero solo ahora he tocado el corazón de la pena»[1], se lamenta la escritora nigeriana Chimamanda Adichie (Enugu, 1977) tras la repentina muerte de su padre, James Nwoye Adichie, un 10 de junio de 2020, en los inicios de la pandemia. Chimamanda, quien vive en Estados Unidos, se encuentra impedida de viajar a Abba, Nigeria, para despedir a su padre de 88 años; debido a que los aeropuertos están cerrados hasta nuevo aviso. La –por entonces– incertidumbre mundial y suspensión de vuelos generalizada se suma, así, a su dolor, al igual que otras desgracias que se resisten a venir por separado.
Sobre el duelo (Notes on grief), inicialmente publicado en The New Yorker[2], es un descarnado ensayo que explora la vulnerabilidad por la pérdida del padre, los días que sucedieron a esa ausencia que Chimamanda se niega a aceptar (incluso en sueños), el paliativo de los somníferos, el enfrentamiento con los objetos personales paternos, la búsqueda de un sentido en medio de toda esa confusión. El ensayo también es un acto de amor y gratitud hacia la figura paterna, aquella que le transmitiera esa seguridad que ahora posee esta reconocida feminista.
Chimamanda Ngozi Adichie posa para una foto en Columbia, Maryland. Estados Unidos (Oliver Contreras/El Pais)
Más allá del olvido, publicada originalmente como Du plu loin de l’oubli (1996), del francés Patrick Modiano, premio Nobel de Literatura de 2014, es la historia de una nostalgia que trasciende el tiempo y la distancia, muy similar a una obsesión.
La historia, que no abunda en detalles, es bastante simple. El protagonista rememora episodios de su vida que abarcan el periodo de treinta años[1]. Cuando era joven y se desempeñaba como vendedor de libros, conoció por accidente a una pareja, Jacqueline y Gérard Van Bever, quienes buscaban una estación de correos cercana para dejar una carta. Él se ofreció a acompañarlos. A partir de entonces el trío se frecuentaría con regularidad. El punto de encuentro sería el café de la Rue Dante, que se encontraba en un barrio estudiantil de París y que destacaba por tener un flipper (más conocido entre nosotros como pinball).
Gérard se dedicaba a jugar en los casinos para hacer algo de dinero. Por su parte, Jacqueline, quien no dejaba de usar una chaqueta de cuero, impropia para el invierno (el autor se encargará de repetírnoslo muchas veces), añoraba viajar a Mallorca, donde un escritor les brindaría alojamiento. Algún tiempo después, Gérard tuvo que ir a provincia por un día, sin Jacqueline, lo que fue aprovechado por nuestro protagonista para crear un vínculo con ella, a quien deseaba en silencio. Pronto, encontrará la oportunidad de escapar de París con Jacqueline, para iniciar una nueva etapa (en Londres), y cerrar otra. Aunque, si bien la compañía será fugaz, no será así su recuerdo.
Patrick Modiano en 1969. Fuente: kinoimages.wordpress.com
Un hecho, al parecer, sin importancia, pero que conecta con sucesos reales de la biografía de Modiano es cuando el protagonista hojea la guía telefónica de París, luego de detenerse en una cabina telefónica. El escritor cuenta que el consultar directorios telefónicos antiguos fue su inspiración para escribir, pues sentía que era un ejercicio que le servía para imaginar la vida de desconocidos[2].
La nouvelle, narrada en primera persona, tiene cierta semejanza a Travesuras de la niña mala, de Vargas Llosa (2016), debido a que el protagonista no puede dejar de olvidar a Jacqueline, a pesar de los años. Ella, al igual que la niña mala, también asumirá una actitud camaleónica en cuanto a su identidad, lo que le permitirá obtener una mejor posición social[3]. Asimismo, parte de la historia también transcurre en París, el lugar adonde se va para ser escritor. No obstante, la novela no rezuma un erotismo explícito. En su lugar, Modiano opta por silencios deliberados. Al lector le queda, pues, intuir lo que sigue.
La dogmática de la omisión es uno de los temas más complejos de abordar dentro del Derecho Penal. Pero si su abordaje se refiere exclusivamente a la participación (participación por omisión), el panorama se oscurece aún más, pues se transita sobre terreno asaz inestable.
En este libro de Rueda Martín, autora que se adscribe en el pensamiento finalista de Hans Welzel, se emprende un estudio sobre el tema que discute con la doctrina relevante (incluyendo, por supuesto, la alemana) en el que se explora el componente objetivo y subjetivo de la participación, la utilidad que debería reportar el favorecimiento a la realización del hecho punible dominado por el autor, entre otros tópicos. Asimismo, el libro no solo propone ejemplos de laboratorio para un adecuado entendimiento de la participación omisiva, sino que critica la incorrección de concretos pronunciamientos de altos tribunales como el Tribunal Supremo Federal de Alemania y el Tribunal Supremo español.
Super Mario World (SNES). Autor: David Ibarra Delgado
Quienes jugaron el mítico Super Mario World (SNES) en la mitad de la década del noventa del siglo pasado, recordarán que no era posible hacer entrar a Yoshi a los distintos castillos de los enemigos. Este se quedaba en la puerta y el personaje proseguía su camino.
Bueno, en este dibujo he logrado hacer posible lo imposible: hacer entrar a Yoshi y Mario (con capa incluida).
Hace poco el Congreso aprobó por insistencia el denominado «Nuevo Código Procesal Constitucional». Pero esto no es un motivo de alegría. Más allá de aspectos debatibles de su contenido (por ejemplo, el atolladero que se producirá en las Salas, debido a la interposición significativa de demandas de amparos contra resoluciones judiciales), la quinta disposición complementaria final textualmente dice: «Las reformas al Código Procesal Constitucional entran en vigor el día siguiente de su publicación en el diario oficial El Peruano».
Como se puede advertir, nuestros legisladores ni siquiera se tomarán la «delicadeza» de suspender la vigencia del código por un plazo prudencial con la finalidad de debatir y difundir su contenido en universidades y centros de enseñanza, capacitar intensamente a personal jurisdiccional del Poder Judicial y abogados, etc.; pese a que se introducen nuevos institutos y la dinámica respecto de código anterior, en buena parte, varía dramáticamente.
El abogado, como parte del género humano, tiene aversión natural a lo nuevo o desconocido. Al respecto, son conocidas las protestas de los abogados en Italia por la implantación del CPC de 1942. Pero no se trata de esto. Toda reforma exige reflexión y capacitación adecuada para que los destinatarios no sufran las consecuencias de un experimento sobre la marcha.
(Observación: El día de hoy Sagasti ha anunciado que el Ejecutivo acudirá al proceso de inconstitucionalidad, pero solo cuestionará aspectos parciales del Nuevo Código Procesal Constitucional).
Luego de más de una década, finalmente Marvel decide rendir un homenaje tardío a Natasha Romanoff, ciertamente forzado, pues ya sabemos de antemano cuál fue el desenlace de esta heroína en Avengers: End Game. La franquicia, al parecer, toma como excusa esta nueva entrega para satisfacer y cumplir con el público femenino, y ensanchar, aún más, el UCM.
Sin embargo, contra dicho pronóstico, el largometraje logra capturar la atención del espectador y brinda una despedida a la altura de la protagonista principal. Así, la fortaleza de la película reside en las intensas escenas de acción, el ritmo narrativo ágil y la tensión narrativa que se dosifica en todo momento, con acierto.
En cambio, no se puede decir lo mismo de la construcción del villano, predecible e intrascendente, que no rompe con los estereotipos del molde clásico y solo sirve como un pretexto para la elaboración de la trama.
Finalmente, la película ofrece respuestas a algunos puntos inexplorados del UCM, e introduce nuevos personajes que, seguramente, aparecerán en posteriores entregas.
Para tener una idea, Black Widow, en términos generales, está muy por encima de Iron Man 3, Thor: The Dark World y Ant Man and The Wasp (la valla no es muy alta en estas películas).
Es mejor que Hulk, Iron Man 2, Thor y Spider-man: Homecoming y Captain Marvel.
Y está apenas por encima de Ant Man y Captain America: The First Avenger.
Está al mismo nivel que Thor: Ragnarok, Doctor Strange y Spider-man: Far From Home.
Está por debajo de Iron Man 1, Avengers: Age of Ultron y Black Panther.
Está muy por debajo de Captain America: The Winter Soldier, Guardians of the Galaxy, Guardians of the Galaxy vol. 2, Captain America: Civil War, Avengers: Infinity War y Avengers: End Game.
De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera (2016), originalmente publicada como Pape Satàn Aleppe. Cronache di una società liquida, es un libro que, afortunadamente, Umberto Eco llegó a entregar a la editorial La nave di Teseo días antes de su muerte (ocurrida el 19 de febrero de 2016). Este libro póstumo reúne una selección de sus artículos –escogidos por el mismo Eco– aparecidos en la sección La bustina di Minerva en L’espresso, dentro del período comprendido entre 2000 y 2016; que se suma a otros libros que recopilan artículos suyos como Sette anni di desiderio (1983), Ilsecondo diario minimo (1992) y A passo di gambero[1] (2006).
El hilo conductor que permea estos artículos es la «crisis del concepto de comunidad[2]», que se asienta en la tesis de la sociedad líquida del polaco Zygmunt Bauman. Recuérdese que en esta sociedad de la modernidad «líquida» (cuyo atributo es la «fluidez»), lo efímero, lo instantáneo, lo transitorio, la ausencia de «grupos de referencia», el derrumbe de las certezas y pautas de comportamiento, conducen a la precariedad de las relaciones humanas y a la construcción de pautas propias en el individuo[3].
Como todo buen humanista, los intereses del autor de El nombre de la rosa son diversos y plurales. En ese sentido, esta recopilación abarca reflexiones sobre temas como la tecnología y su impacto en las relaciones sociales, la sustitución del concepto de reputación por el de notoriedad, la pérdida de distinción entre lo bello y lo feo, la omnipresencia del ahora (quedando en un segundo plano las lecciones de la historia), la arrolladora cantidad de información disponible en internet y el problema de su filtro, la constante caducidad de los soportes, la autoedición, la pérdida de la soledad y reflexión a la que nos somete el celular, etc. Esta es una pequeña muestra de la estrecha conexión entre Eco y el pensamiento baumaniano.
Umberto Eco. Fuente: narrativabreve.com
Aunque también es una ocasión para conocer a un Eco más íntimo que comparte con sus lectores aspectos personales de su vida. De este modo, desfilan algunos recuerdos suyos de la segunda guerra mundial, su parquedad a brindar felicitaciones, la costumbre de mantener el celular apagado o de no tomar fotos cuando se encuentra de viaje, la negativa constante a elaborar prefacios (para no perjudicar al prologado), su conocida fascinación por los incunables, etc. Sobre una de las valiosas enseñanzas que le cambió la vida menciona la siguiente:
«El 5 de enero de 1945 fui a verlo y le dije tan campante: «Padre Celi, hoy cumplo trece años». «Pues muy mal empleados», me contestó él con tono arisco. ¿Qué quería decir con eso?, ¿que al llegar a esa venerable edad debía iniciar un severo examen de conciencia?, ¿que no debía esperar alabanzas por haber cumplido sencillamente con mi deber biológico? Quizá fuera una simple manifestación del sentido piamontés de la mesura, un rechazo de la retórica, quizá se trataba incluso de una afectuosa felicitación. Ahora bien, lo que yo creo es que el padre Celi sabía, y me enseñaba, que un maestro debe poner en aprietos a sus discípulos en todo momento, y no excitarlos más de lo debido.
[…]
Ahora bien, la respuesta del padre Celi también me ha enseñado a no enorgullecerme demasiado haga lo que haga, aunque considere que es lo justo, y sobre todo a no ir por el mundo presumiendo. ¿Significa esto que no hay que tender hacia lo mejor? Desde luego que no; pero de alguna forma, la extraña respuesta del padre Celi me remite a un dicho de Oliver Wendell Holmes Jr. que encontré en algún lugar: «El secreto de mi éxito es que de joven descubrí que no era Dios». Es muy importante entender que no se es Dios, dudar siempre de los propios actos, y considerar que no se han empleado bastante bien los años vividos. Es la única forma para intentar emplear mejor los que quedan»[4].
Pero Eco también aprovecha para aclarar una supuesta afirmación suya sobre la abundancia de necios en la web, la cual tuvo (y sigue teniendo) una gran repercusión en los medios de comunicación, pero que fue descontextualizada en su momento. En realidad él señaló que si se toma en cuenta la ineludible cuota de necios (que puede ser cualquier persona; profesionales o no, no importa) con relación a la población mundial, la cantidad de opiniones de estas personas que aparecen en la web tiende a ser altísima. Así pues, rigurosamente, él no se refirió a que la red estuviera llena de necios.
Este opúsculo, al cuidado de Piero Brunello, reúne fragmentos de la correspondencia mantenida entre Antón Chéjov (1860-1904) y diversos personajes (entre ellos, Máximo Gorki, el editor Suvorin, su hermano Aleksandr, etc.), en la que el primero aborda, directa o indirectamente, cuestiones referidas a la escritura de ficción; a la par que permite una primera aproximación a la personalidad principialista y de contrastes de Chéjov.
En las misivas, el autor de «La dama y el perrito» se confiesa tajante en cuestiones de moral (ama la libertad absoluta de individuo, odia la mentira y la violencia), aunque con relación a la calidad de sus trabajos y su destreza como escritor se muestra vacilante y dubitativo (algo que, increíblemente, también le ocurrió a Antoine de Saint-Exupéry), como cuando afirmó, al poco tiempo de haber recibido el Premio Pushkin: «Todo lo que he escrito hasta ahora me parece torpe en comparación con lo que querría escribir y escribiría con entusiasmo[1]».
Sin embargo, esta inseguridad no le impidió discurrir acerca de su oficio y brindar consejos de escritura. Así, a sus destinatarios les sugiere escribir sobre temas que conocen, ser concisos (memorable es su frase «La brevedad es hermana del talento[2]»), describir la vida tal cual con su mediocridad, en las descripciones dejar de lado los lugares comunes, solo ocuparse de sentimientos que se han experimentado, no abusar de los detalles, no corregir demasiado el manuscrito, etc.
Antón Chéjov pensativo. Fuente: Actualidad.rt.com
Ante la pregunta, ¿para quién escribir?, Chéjov no tiene una respuesta definida. No tiene en alta estima al público, a quien tilda de inculto, maleducado, hipócrita e insincero. No obstante, incluso con esta invectiva, el dramaturgo no deja de escribir para ese público al que dice menospreciar. En ese sentido, sobre esta relación indisoluble «narrador-oyente», Siri Hustvedt ha afirmado que:
«[…] una narración siempre está destinada a otra persona. Siempre hay un yo que habla a un tú –un narrador y un oyente– y no es posible uno sin el otro. El significado de una historia nunca es puramente semántico. Vive también en los ritmos corporales afectivos, en las yuxtaposiciones y las repeticiones, en las metáforas sorprendentes, en las que un sentido invade a otro, y crispan o apaciguan al oyente y evocan en él recuerdos corporalmente sentidos. Recurren a patrones musicales de armonía y disonancia, y a experiencia sensorial móvil fusionada, establecida hace mucho entre un Yo neonato prerreflexivo y un Yo adulto reflexivo»[3].