
En el poemario Meadowlands Louise Glück le dedica tres poemas a la diosa Circe.
Por intermedio de la voz de la autora, Circe se dirige a Odiseo, sabiéndose derrotada y con toda la rabia encima, luego de que este se decidiera por volver a Ítaca.
«EL TORMENTO DE CIRCE
Lamento de verdad
los años que me pasé amándote
tanto presente como ausente, lamento
la ley, la vocación
que me impedía retenerte, el mar
que es una lámina de vidrio, la belleza
blanqueada por el sol de las naves griegas: cómo
voy a tener poder si
no tuve deseo alguno
de transformarte: puesto que
amaste mi cuerpo,
puesto que encontraste allí
la pasión que estimábamos
más que cualquier otro don, en ese instante
más que el honor y la esperanza, más
que la lealtad, en nombre de ese vínculo
te prohíbo
que sientas por tu esposa
algo que te permita
descansar a su lado, te prohíbo
que vuelvas a dormir
si no puedo tenerte.»[1]
