La literatura como la fuente de todos los males

Sarah, la alter ego de Carmen Ollé, se resigna a no poder vivir de la literatura. Simplemente no es posible. Sus dedos se llenan de hongos por el uso de guantes cuando trabaja limpiando casas en Alemania, detesta ser profesora, no logra escribir desde hace años, su relación amorosa tambalea.

La literatura como la fuente de todos los males.

[Reseña] Te escribí mañana, de Gustavo Rodríguez

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Cuando se tiene apenas catorce abriles, las preocupaciones constituyen una leve caricia de viento en los desbordados espíritus juveniles. Los errores abundan, la templanza comienza a forjarse de a pocos y se empieza a vivir a un ritmo propio y personal. En esta situación se encuentra el tímido Manuel (o «Manongo»), quien vive con sus padres en una apacible ciudad del norte, ambientada en la década de los 80’s. Todo transcurre con normalidad hasta que descubre misteriosamente una carta que aparece dentro de su cama.
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[Reseña] Los últimos días de «La Prensa», de Jaime Bayly

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En una oportunidad, el nobel de Literatura V. S. Naipaul confesó cuánto le costó leer, en un principio, literatura que no tratase sobre la realidad rural a la que él sentía que pertenecía y en la que viviera durante los primeros años de su vida: “No era capaz de adentrarme a los libros yo solo. No poseía la clave imaginativa. Mi conocimiento de la sociedad –una India rural de débil recuerdo y un mundo colonial de mezclas visto desde fuera– no servía de ayuda con la literatura de la metrópoli. Yo me encontraba a dos mundos de distancia” (Naipaul, 2017: 26).

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[Reseña] Habitaciones, de Ricardo Sumalavia

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“El austriaco Ludwig Wittgenstein decía: «los límites de mi lenguaje implican los límites de mi mundo». El entorno lo percibimos, asimilamos y revertimos a través de nuestras palabras, en cálida proporción. En el cuento paradójicamente, la brevedad, la tendencia hacia lo mínimo expresable por nuestro lenguaje, el ilusorio silencio, dilata y supera al propio mundo” (p. 11).

Y no le falta razón. El cuento se sirve de los pequeños retazos de nuestra propia existencia: coge un poco de aquí y otro poco de allá, expectora lo que no sirve a sus propósitos, modela mediante el filudo cincel de la palabra, y, solo al final –si es que la paciencia puede más y no nos abandona arteramente– ofrece una historia, eso sí, caracterizada por su laconismo puro.

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[Reseña] El último otoño antes de ti, de Carlos Enrique Freyre

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La sensibilidad con la que cuenta un escritor y su capacidad para poder capturar y volcar todas sus experiencias al texto es independiente de la actividad que este desempeñe. Y ejemplos sobran. Edmondo D’Amicis sirvió en la guerra de Italia contra Austria (Italia en alianza defensiva con Prusia) y como consecuencia de ello escribió La vita militare (1868); el francés Gabriel Chevallier participó en la Primera Guerra Mundial, escribiendo La peur (1928) donde narra que en un conflicto bélico no existe más sentimiento que el miedo; J. R. R. Tolkien también sirvió en la primera guerra para el ejército británico, rehusándose posteriormente a recibir pensión alguna del ejército. En definitiva, la escritura y las armas no tienen por qué ser incompatibles entre sí. Continuar leyendo «[Reseña] El último otoño antes de ti, de Carlos Enrique Freyre»

[Reseña] Crónica de San Gabriel, de Julio R. Ribeyro

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Por lo general la temperatura más baja que puede registrar Lima en temporada de invierno es de aproximadamente 15°C. Imaginemos por un momento que esta descendiera a -31°C. Cuando Ribeyro contaba con apenas 26 años y recién había llegado a Munich, la temperatura era así de baja que prácticamente lo obligó a no salir del cuarto que alquilaba, en un barrio de las afueras de la ciudad. Confinado y recluido, Ribeyro entró en un estado depresivo que solo pudo remediar mediante la imaginación. Es en esas circunstancias donde recuerda un viaje que tuvo cuando tenía catorce o quince años a una hacienda andina y entra en un “segundo estado” de consciencia donde lo imaginado era su realidad, y la realidad lo imaginado. Tres meses después, el hielo se retiraba y en su tomaba su lugar el verdor de los árboles. La novela Crónica de San Gabriel estaba casi terminada. Y con esta ganó el Premio Nacional de Novela de 1960. Continuar leyendo «[Reseña] Crónica de San Gabriel, de Julio R. Ribeyro»