[Reseña] Los Rendidos, de José Carlos Agüero

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Si quisiéramos definir una “historia trágica” no podría faltar en ella el padecimiento de una enfermedad grave o limitativa de la persona, la muerte de un familiar, el encarcelamiento de un ser querido, el despojo de los bienes acumulados en toda una vida, etc. Es posible entonces afirmar que todo lo trágico tiene relación con una pérdida o necesidad de algo, de una gran entidad, sea esta material o inmaterial. La vida de José Carlos Agüero tiene mucho de eso. Sus padres fueron militantes de Sendero Luminoso. Murieron extrajudicialmente. Y él cargó con las consecuencias de culpas ajenas.

Las reflexiones de Agüero en Los Rendidos (2015) buscan «re-mirar» a todos aquellos que participaron directa o indirectamente, de forma activa o pasiva, en el conflicto armado (terroristas, activistas de derechos humanos, traidores, héroes, inocentes, espectadores, etc.). Sus páginas están escritas libres de prejuicios y llenas de sinceridad -que desde ya se agradece-.

El autor señala algo muy cierto: “por más que el sistema genere injusticias y conflictos sociales, la guerra no es igual a la paz” (p. 25). Esto va en la línea de filósofos como Cicerón y Erasmo de Rotterdam, quienes propugnaban su preferencia por una paz injusta que una guerra justa. Una conflagración que consume a padres, hermanos, hijos de alguien, solo arribará a un punto en que alguno de los dos bandos -por desgaste- tendrá que ceder. Y en ningún momento la posición final será mejor que la inicial. O cuando señala que “el exceso de justicia los llevaba al odio y la ansiedad de cambios, a la destrucción” (p. 51). Y es que ningún modelo que tome a la violencia como plataforma de lucha puede tener cabida.

Cuando José le pedía a su madre que se fuera del país, ella solía responderle que no pasaba nada, que qué va a ser de ustedes. Nunca dejó que sus hijos formaran parte del partido. Ella estaba metida en ella para que su descendencia no formara parte y puedan vivir en paz. Aunque pareciera que no huir del país protegió a sus hijos, ello no fue así. Cuenta que el no abandonarlos y estar en la revolución los expuso a un riesgo muy alto pues la policía los ubicaba y amenazaban con llevársela.

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José Carlos Aguero. Fuente: revistaideele.com

Posteriormente, cuando se enteró de que su madre había muerto, se sintió aliviado, liberado, como si le hubieran quitado un gran peso de encima. ¿Quiso a su madre? Definitivamente. Pero el hecho de preguntar por ella a vecinos para dar con su paradero, las constantes visitas a la cárcel, o el pedir que se vaya del país por su seguridad, la constante tensión, carcomieron tanto su estabilidad emocional que al final, el no tener que pasar más por esta experiencia le dio una sensación de paz. Es el mismo sentimiento que tiene una madre cuando busca a un hijo perdido por años y se aferra a la esperanza de que aún vive. Esa búsqueda desgasta, no otorga sosiego. Hasta que le comunican que encontraron sus restos. Ahora sí puede voltear la página. Todo terminó.

El autor reflexiona que no es justo que los hijos hereden la culpa de los padres. Cuando en dos ocasiones mandó correos para disculparse por su padre le respondían “No tienes por qué disculparte, lo que pasó no tiene que ver contigo. Pero no nos vuelvas a contactar. Gracias” (p. 59). Otra respuesta decía “tu padre y tu madre hicieron mucho daño a mi familia, te escribo en nombre de mi padre porque él no sabe manejar el email. Te pedimos que no nos vuelvas a comunicar” (ídem). Las palabras de José solo reavivan el dolor y el sufrimiento causado por sus padres a sus familias, los proyectos interrumpidos. Por ello concluye que sí se puede heredar la culpa de los padres. Él sí la heredó.

También fue partícipe de la guerra aunque sin una voluntad clara dada su condición de menor de edad. Ayudó a elaborar los materiales para hacer cartuchos de dinamita, escondió armas, quemó documentos. Más tarde se daría cuenta el sinsentido de tantas muertes. Considera que una revolución no puede tener tanto valor si genera tal cantidad de muertos. Finalmente, sobre el perdón considera que no debería ser un don pues siempre se espera reciprocidad, un algo a cambio. Ello no debería ser así. Un verdadero perdón es un acto de humildad, un desprendimiento. Aunque en ocasiones, cuando imagina la muerte de sus padres no le nace la necesidad de perdonar.

Considerada como el relato de no-ficción más importante del año 2015, ayuda a no juzgar, a analizar el tema de la guerra interna bajo distintas perspectivas. Y cumple su objetivo con creces. Después de encontrarlo varias veces agotado en distintas librerías, al fin lo pude leer. Muy satisfecho.

AGUERO, José C., 2015: Los Rendidos. Sobre el don de perdonar. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

2 opiniones en “[Reseña] Los Rendidos, de José Carlos Agüero”

    1. Gracias por comentar, José. Definitivamente es una historia cargada de datos personales e íntimos, que resultaría complicado de superar para cualquiera que se encontrase en su situación. Y el ubicarse en un punto de referencia tratando de «comprender» el accionar de cada actor en la guerra interna «sin prejuicios» la vuelve única. Saludos.

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