¡Feliz Día del Padre!

Portada de La vida de mi padre,de Raymond Carver

Para todos aquellos padres que guardamos en la memoria y ya no están con nosotros en este plano común, y para quienes aún tienen la dicha de tener al suyo. Para los padres jóvenes y los no tan jóvenes. Para quienes no teniendo un vínculo de sangre, cumplen el rol de padre a cabalidad. Para los padres severos y los permisivos. Para los que educan en la escasez y los desprendidos. ¡Feliz Día del Padre!

¿Palabra de «maestro»?

Umberto Eco, días antes de morir, entregó un texto a la editorial. Este libro póstumo, que se publicó en el 2016 con el título Pape Satàn Aleppe (de clara influencia dantesca), contiene diversos artículos publicados en sus últimos años, relacionados con la denominada «sociedad líquida» de Zygmunt Bauman. Y una entrada de dicho libro, como no podía ser de otra manera, lo dedica al rol del profesor.

Sobre este punto señala que «[a]nte todo un enseñante además de informar debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que en ella se aprendan fechas y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que ocurre fuera de ella» (Eco, 2016, p. 90).

Traigo esto a colación pues vemos que uno de los candidatos a la Presidencia de la República pregona su rol de «maestro» por doquier, acaso hasta el cansancio (se sigue refiriendo a «mis alumnos», cierra sus intervenciones con la alocución «palabra de maestro»,  rotula a su diálogo con Pepe Mujica como «encuentro entre maestros», avisos publicitarios, etc.), pese a que ha dejado la enseñanza activa hace muchos años y que, a juzgar por sus declaraciones públicas y actitudes (considerar que el feminicidio es producto de la ociosidad, desconocer conceptos básicos de economía como «monopolio» y «utilidad», apagar el audio en una videoconferencia para concluir intencionalmente una entrevista, etc.), está muy lejos de cumplir con las exigencias mínimas que requiere esa noble profesión formativa.

Pero no solo ello, sino que contrario a dicho rol, promueve odio y división entre peruanos, olvidando lo que Basadre mencionó alguna vez sobre la formación del «querer existencial nacional», cuya transgresión dinamita la integración entre connacionales, a pocos meses del bicentenario. «Pero el “querer existencial nacional” no será posible mientras arda la guerra civil en el alma de los peruanos. El desprecio o encono entre región y región, entre raza y raza, entre clase y clase, abren cortes horizontales en el alma del país para impedir, consciente o subconscientemente, su integración» (Basadre, 2007, p. 35).

Vistas así las cosas, esta apelación al «maestro» como distintivo de autoridad solo ha sido usufructuado con oportunismo para generar empatía en ese gran sector de la población (que se identifica con el candidato) que viene siendo olvidado por la desidia de gestiones y que ha sufrido, en mayor medida, las consecuencias de la pandemia.

Referencias bibliográficas:

Basadre, Jorge, 2007: Meditaciones sobre el destino histórico del Perú. Ediciones Copé: Lima. 

Eco, Umberto, 2016: De la estupidez a la locura. Cómo vivir en un mundo sin rumbo. Lumen: Barcelona.

¡Feliz Día del Libro!

Uno de los libros que más disfruté leer el año que pasó es de autoría del mexicano Gabriel Zaid. En Los demasiados libros escribe bellísimos ensayos sobre el universo del libro, la imposibilidad de que una conversación oral lo supere (tal como hubiera deseado Sócrates), el proceso de creación, la imposibilidad (obvia) de poder leerlos todos, y otros temas interesantes. Pero es, sobre todo, una invitación a leer. Y a asumir el papel de ignorantes permanentes, conscientes de que nunca dejaremos de serlo.

Un fragmento donde invita a los lectores a asumirse de ese modo es el siguiente:

«¿Y para qué leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: Yo solo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero ¿no es quizás eso, exactamente, socráticamente lo que los muchos libros deberían enseñarnos? Ser ignorantes a sabiendas, con plena aceptación. Dejar de ser simplemente ignorantes, para llegar a ser ignorantes inteligentes» (p. 11).

¡Feliz Día del Libro, lectores y lectoras! Para desconectarnos de este mundo loco y seguir manteniendo la cordura.

Referencias bibliográficas:

Zaid, Gabriel, 2010: Los demasiados libros. Barcelona: Debolsillo.

Nuestra constitución inactuada

Por David Ibarra Delgado

Piero Calamandrei, uno de los defensores de la legalidad como límite de las libertades, criticaba la situación por la que atravesaba Italia durante los primeros años de vigencia de la Constitución de 1947. Principalmente, sus críticas se centraron en la actitud que tomó el parlamento, quien, una vez que asumió sus funciones, no se preocupó por cumplir con los mandatos impuestos por el constituyente: emitir las normas de desarrollo constitucional. De esta manera, no pudo entrar en funcionamiento la Corte Constitucional –el equivalente al Tribunal Constitucional peruano–, el Consejo Superior de la Magistratura, la descentralización hacia las regiones, etc. A este periodo lo llamó «inmovilismo constitucional», «incumplimiento constitucional» y «obstruccionismo de mayoría».

Calamandrei no era ingenuo. Desconfiaba del manejo del poder en todo ámbito y lo pudo constatar después con las acciones que tomaron el parlamento, la policía y la Administración Pública. En un párrafo que denota mucha amargura, dice lo siguiente:

«[…] no se sabe qué admirar más, si la ingenuidad (si es que la hubo) con la que aquella [aquí se refiere a la Asamblea Constituyente] confió en la lealtad constitucional del futuro parlamento, o la desenvoltura con la que el parlamento que siguió a la Constituyente demostró no querer tomar en serio (es la frase exacta) las prescripciones de esta. El periodo legislativo que va del 18 de abril de 1948 al 7 de junio de 1953 pasará a la historia como el quinquenio del incumplimiento constitucional. Y para precisar mejor los rasgos de tal incumplimiento habrá que concluir (según se verá) que fue en gran parte un incumplimiento querido, o sea, doloso, como se diría en lenguaje civilista».[1]

Ahora bien, esta interpretación arbitraria de «incapacidad moral permanente» (y, en especial, del sintagma «moral») como aquella persona que no posee los valores morales requeridos para poder gobernar (¿?), pese a existir otro artículo de la Constitución que circunscribe la responsabilidad constitucional del presidente a supuestos tasados (art. 117)[2] que no se han verificado, ha originado una indebida vacancia presidencial –que el Tribunal Constitucional bien pudo detener en su momento con la concesión de la medida cautelar–, y sobre todo, una concentración peligrosísima del poder. Nos encontramos, pues, ante una flagrante inactuación de la Constitución, como diría Calamandrei.

Todavía no sabemos qué candidatos se presentarán para el futuro congreso pero ya sabemos por qué partidos no votar en las próximas elecciones. Responsabilicémonos por nuestro voto antes para no lamentarnos después.

Referencias bibliográficas:

CALAMANDREI, Piero, 2013: La constitución inactuada. Trad. Perfecto Andrés Ibañez. Madrid: Tecnos.


[1] (Calamandrei, 2013, p. 25).

[2] Art. 117.- Responsabilidad Constitucional del Presidente El Presidente de la República sólo puede ser acusado, durante su período, por traición a la patria; por impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales; por disolver el Congreso, salvo en los casos previstos en el artículo 134 de la Constitución, y por impedir su reunión o funcionamiento, o los del Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos del sistema electoral.

El rostro de un libertador

La necesidad de darle un rostro a quien solo hemos escuchado por referencias de terceros hace que fantaseemos sobre cómo pudo haber sido en vida, quizá movidos por el instintivo miedo al vacío. Por suerte, una de las imágenes que se han conservado hasta ahora es la de don José de San Martín. En ella sobresale la cabellera completamente pelicana, su marcada delgadez y una levita oscura y gruesa. Aún mantiene la severidad intacta a sus setenta años. La luz natural le llega desde el lado izquierdo e ilumina esta parte del cuerpo mientras aguarda acodado en lo que sería una silla. Y si somos observadores podremos advertir incluso una huella dactilar en el extremo inferior derecho del daguerrotipo.

Hoy se cumplen doscientos años del desembarco de San Martín en Paracas, del decisivo paso que posteriormente significó la independencia del virreinato del Perú. En una hipotética evaluación sobre estos casi doscientos años de vida republicana, ¿obtendremos una nota aprobatoria?

Fuente: clarin.com

Stephen Hawking: Un 14 de marzo como hoy…

stephen_hawking
Fuente: biografiasyvidas.com

 

Galileo Galilei, promotor de la tesis del heliocentrismo y quien abjuró de ella muy anciano debido a la Santa Inquisición, murió el 8 de enero de 1642. Ese mismo año, nace Sir Isaac Newton quien sentó nuevos paradigmas en la física y astronomía, volviéndose a la tesis del heliocentrismo. De otro lado, Albert Einstein, premio nobel y autor de la teoría de la relatividad, nació un 14 de marzo de 1879. Por su parte, Stephen Hawking nació un 8 de enero de 1942, es decir, 300 años después de la muerte de Galileo Galilei, y murió el mismo día en el que Albert Einstein dejó de existir, un 14 de marzo como hoy.

Definitivamente, estos números que relacionan a estas grandiosas personalidades no son mera coincidencia.

Descansa en paz Stephen Hawking.