
En el poemario Meadowlands Louise Glück le dedica tres poemas a la diosa Circe.
Por intermedio de la voz de la autora, Circe se dirige a Odiseo, sabiéndose derrotada y con toda la rabia encima, luego de que este se decidiera por volver a Ítaca.
«EL TORMENTO DE CIRCE
Lamento de verdad
los años que me pasé amándote
tanto presente como ausente, lamento
la ley, la vocación
que me impedía retenerte, el mar
que es una lámina de vidrio, la belleza
blanqueada por el sol de las naves griegas: cómo
voy a tener poder si
no tuve deseo alguno
de transformarte: puesto que
amaste mi cuerpo,
puesto que encontraste allí
la pasión que estimábamos
más que cualquier otro don, en ese instante
más que el honor y la esperanza, más
que la lealtad, en nombre de ese vínculo
te prohíbo
que sientas por tu esposa
algo que te permita
descansar a su lado, te prohíbo
que vuelvas a dormir
si no puedo tenerte.»[1]
«EL PODER DE CIRCE
Jamás convertí a nadie en cerdo.
Algunas personas son cerdos; yo les di
aspecto de cerdo.
Estoy harta de ese mundo vuestro
que permite al exterior disfrazar el interior.
Tus hombres no eran malos hombres;
una vida indisciplinada
los hizo ver así. Como cerdos,
bajo mi cuidado y el
de mis muchachas, se
ablandaron enseguida
Entonces revertí el hechizo,
mostrándote mi bondad
además de mi poder. Entendí
que podíamos ser felices aquí,
como lo son hombres y mujeres
si sus necesidades son sencillas. Al mismo tiempo,
predije tu partida,
los embates del vasto mar que tus hombres
afrontarían con mi ayuda. ¿Crees
que unas pocas lágrimas van a molestarme? Amigo mío,
toda hechicera es
pragmática por naturaleza; nadie
percibe lo esencial si no es capaz
de asumir las limitaciones. Si solo quería retenerte
podría haberte hecho prisionero.»[2]
«EL DOLOR DE CIRCE
Al final, me presenté
ante tu mujer como lo haría
un dios, en su propia casa, en
Ítaca, en forma de voz
incorpórea: ella
detuvo su labor, volvió la cabeza
primero a la derecha, luego a la izquierda,
aunque era inútil por supuesto
seguirle el rastro a ese sonido hasta
cualquier fuente objetiva: dudo
que vaya a regresar a su telar
con lo que ahora sabe. Cuando
la vuelvas a ver, dile
que así es como un dios se despide:
si permanezco en su cabeza para siempre
permaneceré en tu vida para siempre.»[3]
Referencias bibliográficas:
Glück, L. (2022). Meadowlands (A. Catalán, trad.). Visor.
[1] (Glück, 2022, p. 109).
[2] (Glück, 2022, pp. 91 y 93).
[3] (Glück, 2022, p. 111).

