«[…] yo sostengo que el libro es un objeto al que hay que poseer. Tiene que haber una relación vital, amorosa con él. Por eso, yo también los subrayo, los araño, les hago notas marginales. Uno tiene que vivir con sus libros, irse a la cama con ellos, dejarlos marcados». Julio Ramón Ribeyro
Super Mario World (SNES). Autor: David Ibarra Delgado
Quienes jugaron el mítico Super Mario World (SNES) en la mitad de la década del noventa del siglo pasado, recordarán que no era posible hacer entrar a Yoshi a los distintos castillos de los enemigos. Este se quedaba en la puerta y el personaje proseguía su camino.
Bueno, en este dibujo he logrado hacer posible lo imposible: hacer entrar a Yoshi y Mario (con capa incluida).
Cuando tenía entre 5 y 6 años –allá por el lejano 1995– mi papá nos regaló un Super Nintendo (SNES), un aparatito rectangular de color gris, acompañado de un único cassette: Super Mario World. Y fue suficiente. No precisamos de más títulos. Mi hermano elegía al personaje Mario, el más bajo; y yo a Luigi, el más alto (sin saber que con el tiempo nuestra estatura no se correspondería con la de los personajes).
Fuente: Starland.com
En ese tiempo teníamos un pesadísimo televisor Sony Trinitron KV-1913, de 29 pulgadas. No tenía control remoto, así que había que tener cuidado de no encenderlo con los dedos mojados. Los botones de los canales –alrededor de catorce– se ubicaban al lado derecho, en una hilera dispuesta verticalmente. Pero era un elefante blanco. Los cerros aledaños a la zona no le permitían captar una buena señal, y las antenas en forma de «orejas de conejo» no le producían una mejora sustantiva.
Sin saberlo, hicimos de médicos. Las antenas eran como un estetoscopio, y nuestro paciente, el televisor. La imagen nos devolvía con fidelidad el estado de su respiración. En última instancia, cogíamos el cable pelado de la antena y hacíamos contacto con un área de la parte trasera del televisor que mejoraba la calidad de la imagen. El procedimiento podía demorar varios minutos, lo cual ponía a prueba nuestra paciencia de niños (un movimiento en falso de tan solo un milímetro podía estropear todos los progresos conseguidos hasta el momento). Los únicos canales que con decencia captaba el armatoste eran Pantel –ahora Panamericana– y América. Y si se alineaban los astros, lo que no ocurría casi nunca, también Frecuencia Latina –ahora Latina–.
En estas sombrías circunstancias llegó la consola de Nintendo a nuestro hogar.