[Poesía] El sol y las otras estrellas, de Raquel Lanseros

Cobarde y animosa

No me platiques más

déjame imaginar

que no existe el pasado

y que nacimos

el mismo instante

en que nos conocimos.

Vicente Garrido Calderón

Quién hubiera podido estar presente

en tu primer temblor

déjame imaginarlo

tu hogar recién construido

fresco, secando al sol

tu lumbre inaugural

tu remolino puro sobre el mío.

Hoy me cuesta pensar en cuántos labios

tuviste que rozar

cuántas palabras

cayeron como gotas en tu oído

qué imposibles montañas escalaste.

Yo sé que soy aquella cuyos pasos

han cruzado también relojes y desiertos

pero quiero soñar que recién llegué al mundo.

Ya no me digas más

con tu permiso me negaré a escucharlo

déjame imaginar que en luna nueva

acabamos de estrenar el principio

que nunca hemos llorado

que sea la luz decimos

y la luz es.[1]

Obituario

Mi corazón murió

¡Qué extraño caso!

Solo me desperté y ya no latía.

Por las calles dijeron por las plazas

preguntaron ¿usted tomó cuidado?

Mi pajarillo inmóvil

¿tanto te aventuré por la intemperie?

Déjame que te abrace contra el pecho

soñar por un instante que me habitas.

Ya sé que aunque quisieras

no puedes palpitar

ya sé que ahora estás muerto.

¡Pero me duele tanto

vivir sin corazón![2]

Ese maldito día que exijo no vivir

No logro imaginarlo aunque lo intuya

amenazante

cada vez más cerca.

Si hubiera una manera de esquivarlo

por minúscula

o improbable que fuese

pero todo sugiere que no hay escapatoria.

Que no, no quiero verlo

no digáis que no puedo evitar su llegada.

Ese día futuro que odio y temo

un día que son años y son largos

cuando tú ya no estés

en el mundo

mamá.[3]

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[Poemas] Bascktage, de Samanta Alva Vargas

Narcisista

Un pálpito al reverso de la muñeca

una punzada entre las costillas

un reflujo amargo que no llega a la garganta

así se siente tu compañía

yo sé lo que estás haciendo

yo sé lo que pretendes

lo entendí cuando dijiste

«voy a cambiar»

y no escribiste en tres días

yo sé que no me quieres

pero no tengo fuerzas para romper contigo

así que termino de hundirme

porque después de ti

solo queda subir.[1]

Este poema es para ti

Si hieres a alguien que escribe

vivirás por siempre

en el rastro de las palabras que generaste

cargarás con la angustia

si hieres a alguien que escribe

la incertidumbre que te dice

que eso que lees es para ti

       que fuiste tú quien provocó tal dolor

              que aún te piensa

                     que aún te siente

alguien que escribe

puede reemplazar con facilidad la fuente de calor

pero esa culpa que sientes, esa confusa alusión

¿quién te la arrancará del pecho?[2]

Receta de arroz con leche

1. Remojar el arroz

2. Hervir dos litros de agua con naranja canela clavodeolor

3. Escurrir el arroz y agregarlo al agua hirviendo

4. Añadir dos latas de leche condensada [No llores]

5. Espesar la mezcla [Contenlo]

6. Añadir una tapita de ron [¿Cómo vas a llorar mientras cocinas?]

7. Apagar el fuego [Ofrécele un poco a ver si así te quiere]

8. Servir aún tibio

9. Espolvorear canela en polvo

10. Disfrutar [Sincérate. ¿Valió la pena?] [3]

Volver a confiar

La electricidad recorre mi espina dorsal

y puedo identificar

a mis traumas activándose en tiempo real

Reconocer por ejemplo

que jamás has hecho nada

como para que desconfíe de ti

pero todos los que te antecedieron

enterraron en un jardín

mi corazón aún tibio

y caminaron sobre él cada mañana

Tú lo sostienes de forma perenne

y desconfiar de ti resulta injusto

cuando lo único que buscas

es llenar la habitación de girasoles

Ahí es cuando respiro

      me calmo

                       r e s p i r o

                                         vuelvo al presente

porque sé que es el pasado llenando las pausas.

Ahí es cuando llamas porque me sentiste pensándote

y me dices que llegas en una hora

para celebrar que hoy se cumple un mes más

de habernos mudado juntos a nuestro nuevo hogar.[4]

Referencias:

Alva Vargas, S. (2021). Backstage. Colmillo Blanco.


[1] Alva Vargas, 2022, p. 18.

[2] Alva Vargas, 2022, p. 29.

[3] Alva Vargas, 2022, p. 16.

[4] Alva Vargas, 2022, pp. 38-39.

[Reseña] Roma, de Manuel Vilas

Desde fines de 2019 hasta comienzos de marzo de 2020, el escritor Manuel Vilas estuvo en Roma. Lo que vivió y sintió por esos días se condensó en Roma, un poemario editado por la prestigiosa editorial Visor, que destaca la belleza de dicha ciudad, la imperfección de la vida, la soledad ajena y propia, y la belleza en la edad madura.

De Roma sobresalen su abundancia y sus miserias: iglesias que se regalan a la vista del observador, mendigos castigados por el sol, el adictivo espresso doppio, dulces cuyos sabores detienen el instante, las interminables esperas en las paradas de autobús, los diálogos imaginarios de Vilas con entidades ultraterrenas, las cúpulas majestuosas: «Si la vida eterna, la gloria y el cielo fueran / lo que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina / el mundo sería arte y belleza y no vida y comedia» (Vilas, 2020, p. 57).

Manuel Vilas. Fuente: 20minutos.es

Roma, como casi todas las cosas que hay en ella, es un obsequio para los sentidos, respecto de lo ya visto y vivido. La verità, de Bernini, por ejemplo, le causan tal enajenamiento, que cree ver en ella el cuerpo de su mujer: «Me gustaría acariciarla, / besarla, / darle mi mano / darle mi pensamiento, / mi labio, mi cintura, mi cuello, / mi fidelidad y mi riqueza, / mis días serenos, altos, buenos. / Pedir su mano en matrimonio» (Vilas, 2020, p. 59).

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