Libros leídos octubre 2024

Aunque algo tarde, estos fueron los libros no jurídicos que me acompañaron en octubre de este año:

1. Seda, de Alessandro Baricco (novela).

2. La clase de griego, de Han Kang (novela).

3. Completamente viernes, de Luis García Montero (poesía).

4. La vida nueva, de César Aira (novela).

¿El que más disfruté? No sabría decidirme entre la nostalgia de La clase de griego y el ritmo intenso de La vida nueva, con cada episodio más increíble que el anterior.

Hang Kang, premio Nobel de Literatura 2024

La coreana Han Kang acaba de ganar el premio Nobel de Literatura. Y pensar que hace menos de cuatro horas recién terminé La clase de griego. La compré hace exactamente una semana por las buenas críticas que había leído en las redes sociales. De todos modos, considero que no es un libro apto para todo público. Quien guste de la filosofía clásica y las dudas existenciales de la vida sí que gozará.

¡Adiós, Metro de la UNI!

El día de ayer, 24 de agosto, vine a despedirme del Metro de la UNI. Cada vez que iba a la universidad o al trabajo (o cuando emprendía el camino de retorno), este formaba parte del paisaje urbano –un personaje más– que acompañaba la ruta de los buses que recorrían la avenida Tupac Amaru (o Gerardo Unger) y/o sus auxiliares. Hace muchos veranos –me da escalofríos la sola idea de pensarlo–, los transeúntes solían bailar fuera de sus instalaciones, aprovechando las clases de baile gratuitas para ponerse en forma; otros distraían la mirada en su pequeña granja, sobre todo los más pequeños. Algunas veces fui al Cinestar con mi enamorada de entonces, aunque no podría precisar bien qué películas vi. Supongo que tanto Megaplaza como el Plaza Norte, sus rivales más cercanos, lentamente desplazaron en atracción al Metro de la UNI. Con el tiempo se abren nuevas tiendas y otras se cierran. Es la ley de la vida.

En uno de los avisos de cierre del centro comercial (que funcionará hasta este 27 de agosto), alguien escribió la siguiente frase: «Vivirás siempre en mis recuerdos Metro. Gracias por darme una buena infancia». También lo siento así. Apenas sustituiría la palabra «infancia» por «adolescencia».

Último día de clases

El día de ayer fue un día muy especial y emotivo, pues culminaron las clases del curso Instituciones Procesales en las tres secciones que tengo a mi cargo en la Universidad de San Martín de Porres. Los días pasaron muy rápido y fue imposible tomarles cariño. Espero haber hecho nacer en mis estudiantes su interés por el derecho procesal.

En mi alocución final como cierre de curso –donde estuve a punto de quebrarme– les hablé sobre Umberto Eco, el rol del profesor en esta era de exceso de la información, y la importancia de las lecturas de calidad. Espero que en las clases hayan aprendido tanto como yo de ellos.

En una de las secciones tuvieron el bonito gesto de realizar un breve compartir y dedicarme unas sentidas palabras de despedida. A cada uno de ellos y ellas mi agradecimiento sincero.

También quisiera agradecer a mis delegados y delegadas en todas las secciones: Alondra, Briguith, Renato, Abel y Viktor. Sin su valioso apoyo, el curso no hubiera tenido el resultado que tuvo. En mí ahora tienen a un amigo. Y, desde luego, agradezco profundamente a quienes me dieron la oportunidad de dictar en esta casa de estudios. Fue una experiencia que espero repetir en el futuro.

Franz Kafka a los veintisiete años

Una foto no muy conocida de Franz Kafka, tomada del libro Franz Kafka y Praga, de Harald Salfellner (editorial Vitalis).

Centenario de su fallecimiento (1924-2024).

«Una flecha lanzada al cielo»

En Cuatro retratos incompletos, Antonio Moreno –en un español impecable– realiza bocetos a partir de sus abuelas y abuelos. Con nostalgia, en algunos casos, o con indiferencia, en otros, Moreno nos los trae al presente. La referencia a la «caja de zapatos» (la explicación de por qué guardamos las fotos antiguas en este depósito al uso) me conmovió sobremanera. Y termina de coronar el libro las fotos que se incluyen como anexo, que permiten poner un rostro a estos personajes.

Me quedó con el último párrafo que cierra el libro, bello por donde se lo mire, donde resalta que nuestros apellidos no nos definen ni encorsetan nuestras infinitas posibilidades: «Antonio Moreno fue mi padre. Me gusta que ese nombre y apellido, tan comunes, sean los que designan a tantos hombres, incluido el anfitrión de don Quijote en Barcelona. En realidad, cada mujer, cada hombre, cada uno, es alguien sin nombre. Una flecha lanzada al cielo» (Moreno, 2023, p. 121).

Referencias:

Moreno, A. (2023). Cuatro retratos incompletos. NewCastle Ediciones.

La literatura como la fuente de todos los males

Sarah, la alter ego de Carmen Ollé, se resigna a no poder vivir de la literatura. Simplemente no es posible. Sus dedos se llenan de hongos por el uso de guantes cuando trabaja limpiando casas en Alemania, detesta ser profesora, no logra escribir desde hace años, su relación amorosa tambalea.

La literatura como la fuente de todos los males.

[Reseña] El desmoronamiento de la identidad. Las palabras perdidas, de Victoria Dana (*)

Somos cada vez más longevos, lo que no significa que vivamos mejor. Sin ir muy lejos, en mi caso, todas mis abuelas y abuelos padecieron de una enfermedad neurodegenerativa, sin excepción, lo que se tradujo en síntomas como la mirada perdida en el vacío, el desmoronamiento de la identidad, las manos temblorosas e ingobernables, el no reconocer a familiares cercanos. Así que puedo decir, después de haberlas visto muy de cerca, que en sus semblantes ríspidos rezuma la muerte misma.

En Las palabras perdidas, de la mexicana Victoria Dana, asistiremos, de primera mano, al lento deterioro de Blanca Hernández, una abogada litigante y docente universitaria de 52 años que comienza a olvidar sucesos, a desorientarse. Mientras trata de encontrar alguna explicación a estos extravíos repentinos, disimulará sus lagunas con excusas convincentes para salir del paso, se agenciará de una agenda para anotar sus citas y audiencias, elaborará mapas y rutas que deberá seguir para no perderse cuando conduce su vehículo.

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Conociendo por primera vez a Jaime Bayly

Algún día les contaré lo que Bayly significa para mí. Mientras tanto, hoy, al fin, pude conocerlo y expresarle que una de las razones por las que leo literatura es gracias a él, por su inmejorable dominio del español, por esas palabras que suenan tan bien al oído y permiten esa bella precisión en el lenguaje como si fuese modelado por un bisturí. Conseguí que me firmara Los genios y Los amigos que perdí. No puedo estar más feliz.

Giant-Man cerca de la clase 100

(spoiler) En Ant-Man and the Wasp: Quantumania se criticó el hecho de que Kang apareciera en la película, pues se tachó a Scott Lang de ser un personaje sumamente “débil” y que no podría hacerle frente. Pero nada más lejos de la realidad. En los cómics, Giant-Man puede alcanzar aproximadamente los 30 metros y puede levantar 50 toneladas. En las películas Ant- Man and the Wasp, Avengers: Endgame y Ant-Man and the Wasp: Quantumania, esta altura sería incluso sobrepasada, con lo cual Ant-Man estaría rozando la clase 100 (esa categoría selecta donde están nada menos que personajes como Sentry, Hulk, Apocalipsis, Thor, Magneto, y otros más, en la que pueden levantar más de 100 toneladas).

Si recuerdan, Ant-Man en Avengers: Endgame derribó de un solo puñetazo a una nave chitauri. ¿Quién fue el otro personaje que hizo lo mismo? Pues nada menos que Hulk en Avengers, aunque con cierta dificultad.

Para referencias de los niveles fuerza de Ant-Man en los cómics: http://www.enciclopediamarvel.com/card/171