
Cobarde y animosa
No me platiques más
déjame imaginar
que no existe el pasado
y que nacimos
el mismo instante
en que nos conocimos.
Vicente Garrido Calderón
Quién hubiera podido estar presente
en tu primer temblor
déjame imaginarlo
tu hogar recién construido
fresco, secando al sol
tu lumbre inaugural
tu remolino puro sobre el mío.
Hoy me cuesta pensar en cuántos labios
tuviste que rozar
cuántas palabras
cayeron como gotas en tu oído
qué imposibles montañas escalaste.
Yo sé que soy aquella cuyos pasos
han cruzado también relojes y desiertos
pero quiero soñar que recién llegué al mundo.
Ya no me digas más
con tu permiso me negaré a escucharlo
déjame imaginar que en luna nueva
acabamos de estrenar el principio
que nunca hemos llorado
que sea la luz decimos
y la luz es.[1]
Obituario
Mi corazón murió
¡Qué extraño caso!
Solo me desperté y ya no latía.
Por las calles dijeron por las plazas
preguntaron ¿usted tomó cuidado?
Mi pajarillo inmóvil
¿tanto te aventuré por la intemperie?
Déjame que te abrace contra el pecho
soñar por un instante que me habitas.
Ya sé que aunque quisieras
no puedes palpitar
ya sé que ahora estás muerto.
¡Pero me duele tanto
vivir sin corazón![2]
Ese maldito día que exijo no vivir
No logro imaginarlo aunque lo intuya
amenazante
cada vez más cerca.
Si hubiera una manera de esquivarlo
por minúscula
o improbable que fuese
pero todo sugiere que no hay escapatoria.
Que no, no quiero verlo
no digáis que no puedo evitar su llegada.
Ese día futuro que odio y temo
un día que son años y son largos
cuando tú ya no estés
en el mundo
mamá.[3]
Desprendimiento
(Revisitación libérrima del Siglo de Oro)
No me mueve, mi amor, para beberte
el goce que me tienes prometido
ni me arredra el avance del latido
bien al contrario, me empuja a complacerte.
Tú me enardeces, amor, yo me enardezco
de mirarte rendido en tu bravura
ofreciéndome tu lágrima más pura
te absorbo, me relamo, reverdezco.
Al girarte, tus labios inflamados
besos se vuelven en humedad transida
a revivir los míos exaltados
por la gozosa entrega sin espera
lo que me das lo mismo me darías
y lo que yo te doy igual te diera.[4]
Nuevo amor, nueva vida
Und doch, welch Glück! Geliebt zu werden,
und lieben, Götter, welch ein Glück!
Johann Wolfgang Von Goethe
Así somos, Amor, ingratos y volubles
tú que nos has creado nos conoces
como niños insomnes, como niños
que miran a la luna, te soñamos
sin plan ni vocación, lejos de comprenderte.
El resto es bien sabido: delirio, confusión
crujir de dientes, mesado de cabellos.
No faltan necios con reclamos y quejas
déjame en paz, amor tirano
en mala hora retírate
Liebe, Liebe, laβ uns los.
Que solo te merecen los valientes
los cándidos, los puros, nadie podrá negarlo.
Que nublas, que enloqueces
¿quién lo ignora?
Sin embargo, ¡qué suerte ser amado!
Y amar, ¡dios mio!
¡qué suerte![5]
Referencias:
Lanseros, R. (2024). El sol y las otras estrellas. Visor.
[1] Lanseros, 2024, pp. 17-18.
[2] Lanseros, 2024, p. 21.
[3] Lanseros, 2024, p. 31.
[4] Lanseros, 2024, p. 40.
[5] Lanseros, 2024, p. 12.
