
Una de las cosas que más me emociona al momento de recibir libros es cuando estos contienen una dedicatoria (teniéndome a mí como dedicatario). Cada vez que advierto la presencia de ese ejemplar en mi biblioteca (las veces que paseo mi mirada sobre ella) o cuando lo tomo para revisarlo, es inevitable que la memoria me remonte a la vez en que lo recibí. La dedicatoria deviene, entonces, en un momento detenido en el tiempo, una instantánea a base de afecto, tinta y papel.
Hace unos días recibí el ejemplar de Más allá de la legalidad, de Paolo Grossi, traducción a cargo de mi querido amigo Fernando Medina, que contiene una hermosa dedicatoria. Con el traductor me une, aparte de una estrecha amistad y el interés por el estudio del derecho procesal, la curiosidad por la literatura (ese vicio “inútil”, exento de rentabilidad a ojos de la sociedad, pero sin el cual es imposible tolerar el día a día) y las humanidades en general.
Fernando Medina es uno de los traductores más serios que conozco. Así que quienes adquieran el libro pueden confiar en que las ideas del autor han sido respetadas en grado sumo y plasmadas con fidelidad. Al libro le auguro el mayor de los éxitos.

